Bosques subantárticos frágiles y monumentales

Desde el valle La Paciencia se tiene una de las vistas más bellas del sur de la isla de Tierra del Fuego: dos cordones casi interminables de montañas verdes, cubiertas de los bosques de Nothofagus que existen en Karukinka, y, al fondo, las aguas del lago Deseado corriendo hacia el lago Despreciado, las que desde allí serpentean entre las coloreadas turberas del valle para desembocar al mar en la bahía La Paciencia.

Los bosques verde esmeralda que cubren esas montañas son los bosques templados subantárticos más extensos y mejor conservados del mundo, bajo la latitud 54. En Karukinka cubren casi la mitad de su superficie y conforman uno de los ecosistemas subantárticos más puros que quedan. Son bosques catedrales primarios, que no han sufrido tala por mano humana y se caracterizan por tener árboles viejos y gigantescos. Por eso se les dice bosques catedrales.

Solo 5% de los bosques templados del mundo están en el hemisferio sur y la mayor parte de ellos se ubican en lo más austral del Cono Sur, entre la Patagonia chilena y argentina. En Karukinka las extensiones de bosque maduro de lengas milenarias forman una exuberante alfombra verde que se extiende por más de 1.200km, cuya presencia es crítica para el almacenamiento y captura de carbono, lo que les confiere una importancia a escala global. Asimismo, sus extensos turbales asociados son esenciales para la biodiversidad de Tierra del Fuego y constituyen uno de los humedales más significativos de todo el planeta.

Sin embargo, pocos esfuerzos de conservación se han concentrado en estos bosques subantárticos, en comparación con la enorme atención destinada a los bosques tropicales. A pesar de la distancia y el aislamiento, estas tierras han sido afectadas directamente por actividades humanas desde la época prehispánica, y también por castores, especie introducida por el hombre en Tierra del Fuego en los años cincuenta.

Los efectos de la actividad de los castores en la biodiversidad de Karukinka son devastadores. Han destruido, ya sea por consumo o anegamiento, gran parte de los bosques de protección que ayudan a mantener el balance de agua en las cuencas. Los Bosques de Protección son aquellos que se encuentran próximos a fuentes o cursos de agua, que con su presencia ayudan a resguardar tales recursos hídricos y los servicios ecosistémicos asociados. Desde el aire se puede apreciar el desolador legado de los castores: los bosques muestran cicatrices grises formadas por árboles muertos que siguen en pie.