Enamórate de las turberas

Las turberas más extensas del hemisferio sur están en Chile y Argentina. En Karukinka cubren el 25% del Parque y son un ecosistema muy valioso, porque capturan más de 300 millones de toneladas de dióxido de carbono de la atmósfera al año, el cual retienen en el subsuelo, lo que en parte ayuda a mitigar los efectos del calentamiento global.

Además, regulan los ciclos hidrológicos que mantienen a los bosques, conservan enormes reservas de agua dulce y funcionan como un filtro natural, porque reducen el transporte de sedimento hacia las aguas subterráneas del parque.

Estos ecosistemas son como esponjas naturales inmensas, saturadas de agua, tan discretas que, a simple vista, parecen una extensa área de pastos de colores, sin árboles, salpicada de pequeñas lagunas multicolores. Pero en el subsuelo, bajo las turberas, hay miles de millones de toneladas de carbono atrapadas. Y aunque en el mundo solo cubren el 4% de la superficie, contienen dos veces más carbono que todos los bosques juntos. Si se liberara a la atmósfera todo el gas retenido, el efecto sobre el calentamiento global sería dramático e inmediato.

Su superficie es blanda, suave y esponjosa, porque está cubierta por musgos que han ido creciendo unos sobre otros por hace miles de años. Una turbera equivale a un iceberg terrestre: bajo la cubierta de musgos verde-rojizos existe una verdadera montaña de material vegetal semidescompuesto que la sostiene. Ese material invisible es la turba.

Las turberas de Karukinka son verdaderos bosques en miniatura, que albergan una biodiversidad riquísima, como insectos, microorganismos, peces y curiosas variedades de líquenes. Hay también especies raras de flora, que se han adaptado a condiciones de anegamiento, escaso oxígeno y poca disponibilidad de nutrientes, como la atrapamoscas, una diminuta planta carnívora. Sus hojas rojizas tienen tentáculos que capturan insectos para alimentarse de ellos.

Las turberas son ecosistemas muy vulnerables a la intervención humana y están en riesgo de desaparecer, porque se extrae de ellas la turba, que se usa, entre otras cosas, como sustrato y fertilizante para el cultivo de hortalizas y flores. En Karukinka estamos desarrollando herramientas que permitan el uso sustentable del material vegetal, sin destruir este maravilloso ecosistema.

Descarga un pdf informativo de las turberas aquí